Desde el nacimiento de Facebook, las redes sociales no han parado de mutar. Tanto, que la única que podría considerarse social hoy, es WhatsApp. Ese lugar entre el mensaje de texto y el espacio multimedia donde compartimos la vida con grupos de amigos o de trabajo.
La llegada de Instagram marcó el primer quiebre oficial y luego TikTok terminó por consolidar estas plataformas como espacios de entretenimiento donde ir a pasar el tiempo o buscar información de forma pasiva.
Twitter aportó lo suyo con la llegada de su nuevo CEO, Elon Musk, que entre otras cosas, generó una nueva red: Mastodon, una plataforma libre y descentralizada creada para acoger a los detractores de Musk.
En el medio, todas todavía intentando encontrar la forma de monetizar y rentabilizar su negocio. Twitter con Twitter Blue, Instagram y Facebook con opciones de pago con contenido exclusivo, similar a Tumblr, y TikTok Live quien también fue detrás de Twitch buscando suscripciones mensuales por contenido en vivo.
Pero la carrera por la monetización no termina ahí. El gran precedente que marcó TikTok como buscador, generó no solo hacer temblar a Google, sino consolidar nuevas formas de consumo muy atractivas para cualquier gigante de la venta online que hoy se suman a la batalla por el espacio digital. Como es el caso de Inspire, una función similar a TikTok Shop que Amazon está implementando para vender a sus clientes a través de videos creados por generadores de contenido.
Por todo esto, no es casualidad que las redes sociales como tales queden reservadas a entornos privados, lejos, lo más posible, de algoritmos sin piedad y publicidades hipersegmentadas. Esa delgada línea que siempre está al borde de romperse.
Mientras, en el mar de lo público quedan las coreografías, los videos con información editada y falsa, las parodias, los dramas y la educación (con suerte).
Lo cierto es que en materia de predecir el futuro de las redes sociales, donde el consumo es el nuevo y principal objetivo, todo es incertidumbre.
